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Medios de pago: tarjetas

La tarjeta de crédito o débito es sin duda el medio de pago que más se utiliza en España. Y no sólo para sacar dinero en efectivo --que aquí es más fácil que en cualquier otro país europeo, ya que contamos con el mayor número de cajeros automáticos por habitante-- sino que ya se ha convertido en la forma más cómoda, sencilla y habitual de pago de casi todos los españoles.
Crédito y débito

Las dos modalidades de tarjeta son el débito y el crédito. Con la primera de ellas, el cargo de la compra es instantáneamente descontado del saldo de la cuenta asociada a la tarjeta y si no hay suficiente, no se podrá realizar la compra. De hecho cuando se realiza una transacción con la tarjeta de débito el comercio comprueba a través del datáfono –la maquinita con la que cuentan los comercios para pasar la tarjeta— si existe saldo o no.
Sin embargo al utilizar una tarjeta de crédito, el usuario puede pagar todas las compras que realice en diferido, dentro del plazo convenido con la entidad emisora de la tarjeta. Se obtiene de esta manera financiación gratuita. Así, a diferencia de la de débito, no es necesario tener dinero en la cuenta asociada a la tarjeta para realizar la compra.
El crédito que se obtiene depende, claro está, de la situación económica de su poseedor. El banco pide siempre datos como la declaración de la renta, las últimas nóminas o justificantes de ingresos de dinero para asegurarse de cuánto crédito se le puede dar a una persona.
Problemas más frecuentes

Las tarjetas de crédito nos dan la tranquilidad de disponer de dinero sin tener que llevarlo encima, pero no están exentas de riesgos. El primero, no hay duda, es que la tarjeta no funcione cuando se va a utilizar, por diversas razones. La banda magnética puede fallar, el crédito se puede haber agotado... Estas situaciones no son agradables pero lo que más preocupa a los consumidores son los fraudes que se comenten con ellas.

El más habitual es el robo. Muchas veces el robo no es únicamente de la tarjeta, sino de los documentos de identidad de su dueño por lo que al “caco” no le es difícil hacer uso de la tarjeta en cualquier establecimiento. Otras veces tienen identificados aquellos comercios en los que no acostumbran a pedir el carné. No es extraño oír comentar a alguien que en tan sólo dos horas le han hecho un desfalco en la tarjeta de varios cientos de euros. Lógicamente lo importante es darse cuenta cuanto antes del robo y bloquear la tarjeta inmediatamente.
Pero lamentablemente el fraude con las tarjetas de crédito ha evolucionado peligrosamente en los últimos años. Teniendo la tarjeta de crédito en la cartera es posible que otra persona la esté utilizando.

Cabría pensar que Internet tiene cierta culpa en esto, pero lo cierto es que estamos expuestos cada vez que entregamos nuestra tarjeta. Con el número y la fecha de caducidad es posible hacer compras no sólo por Internet sino también por teléfono. Y esta es una información confidencial a la que tiene acceso cualquier camarero o dependiente.
Pero la última y más eficaz versión de fraude es la del duplicado. Con la ayuda de un pequeño artilugio, no más grande que una cartera, el criminal copia la información de la banda magnética que luego inserta en una tarjeta de crédito falsa. El mayor problema de este tipo de fraude es que el propietario no es consciente de que le están robando.
Precauciones
A pesar de los riesgos que conllevan las tarjetas de crédito su gran utilidad compensa. Además, los bancos tras presentación de denuncia a la policía y un escrito explicando los hechos tramitan la devolución del dinero estafado.
No está de más en cualquier caso tomar ciertas precauciones como:
- Firmar la tarjeta en el momento en que se recibe.
- Revisar el saldo de su cuenta o los movimientos de la tarjeta de crédito periódicamente.
- No perder la tarjeta de vista siempre que sea posible.
- Guardar o destruir aquellos tickets en los que aparecen el número y fecha de caducidad de la tarjeta.

